miércoles, 4 de noviembre de 2009

Ha muerto Levi-Strauss

No se puede pensar el siglo XX sin este hombre. Poco dado a las exhibiciones de los Lacan, Foucalt, Derrida etc este tipo fue viendo las estructuras allá por donde pisó. Contó a sus coetáneos como era eso que tanto se teorizaba. Nos regaló Tristes Trópicos y Las estructuras elementales del parentesco, entre otros. Libros capitales en la historia del pensamiento.

http://www.lemonde.fr/carnet/article/2009/11/03/l-ethnologue-claude-levi-strauss-est-mort_1262351_3382.html

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Muere/anos/antropologo/frances/Claude/Levi-Strauss/elpepucul/20091103elpepucul_12/Tes

martes, 6 de octubre de 2009

Suicidios en naranja

Solemos decir que las causas de suicidio son personales e intransferibles. Es una decisión única que toma un sujeto ante determinadas circunstancias vitales. Hoy los periódicos nos cuentan que en los últimos 18 meses se han suicidado 24 trabajadores de France Telecom Orange. La situacion ha llegado a tal punto que el mosquetero Sarkozy ha hecho acto de presencia y ha llamado a consultas a los directivos . Ha sido tal el descalabro que hoy ha dimitido (jubilado oficialmente) el número dos de Orange. El responsable, en los últimos meses, del nuevo sistema de gestión de personal. Un sistema que promovía los cambios forzosos de puesto.
Algunos de los fallecidos explicaban, en su carta de despedida, que se mataban básicamente por su empresa. Por todas las consecuencias personales que conlleva cambiar de centro e incluso de destino de trabajo.
¿Cómo se puede explicar esto? Desde la psiquiatría se aduce el factor estrés, ese concepto amplio y sobrecargado, que viene a decir tautológicamente que la gente se mata porque le pasa algo malo.
Desde el psicoanálisis se puede profundizar un poquito más. Lacan desarrolló en los 60 la teoría de discursos. Una lógica para explicar los diferentes tipos de lazo social en torno a la regularizacion del goce. En 1970 elabora un quinto discurso: el discurso capitalista. Paradójicamente el discurso que fragmenta el lazo social dice. Un discurso que ha caido con toda su fuerza sobre la bienpensante Francia. France Telecom es un emblema francés. Es una empresa de la que el estado posee el 27%. Una empresa que venía representando un lugar de amo. La empresa cuidaba de alguna manera de estos sus trabajadores. Había un amo claro del que quejarse o al que adorar. Había una referencia en el discurso, un semblante. Las nuevas fromas de gestión han sacudido de la ensoñación a los trabajadores devolviendoles a su verdadera condición de uso. El suicidio es aquí un grito que clama: "padre por qué me has abandonado". Es el último grito rabioso y ciego que se resiste a asumir que en el discurso capitalista ya no hay amo sino solo goce. Un goce que solo remite a la falta de goce. Ya no hay amo y esclavo sino objetos de consumo. Por otro lado los sujetos son a su vez objetos de consumo. Seres hablantes que son usados y desposeidos de los pocos objetos estables quen tenían es decir, su ciudad, su puesto, su familia. La globalización del mercado conlleva la homogenización de los sujetos haciendo esto posible los suicidios en masa. Sin más referencia simbólica que el ser como todos los demás, el desposeer a un individuo del valor de su trabajo puede en este mundo llevar a los sujetos a este fatídico final.

miércoles, 8 de julio de 2009

Paradojas

A veces empiezo a pensar que me voy a angustiar y me angustio.

El otro día mi novio apareció en casa puesto de coca. Yo me enfadé muchísmo y me fui y anduve vagando por ahí. Terminé con un ex-novio tomando coca.

Tengo que dejar de obsesionarme con las obsesiones. Me obsesiona tener obsesiones.

Esto no es una paranoia. Esto es la verdad y la verdad no tiene cura.

El tener una baja por depresión me deprime más. Además me quieren dar la invalidez. Como cree que estaré doctor?

Estoy deprimida porque mi hijo tiro el gato por la ventana. ¿Como se llamaba el gato?. Felix.

El otro dia mi mujer hizo que me sintiera culpable por estar siempre culpabilizándome.

No espero que usted crea doctor que todo el mundo esta compinchado contra mi, porque seguramente usted forma parte del plan.

jueves, 11 de junio de 2009

De psiquiatría y otros negocios

Directamente del boletin de la coordinadora no gracias, dos interesantes reseñas sobre los estudios de medicamentos en psiquiatría y sobre los criterios de aprobación de tratamientos por la FDA.
Desoladoor....de suela ventana, fragil que se romperá en cualquier momento este negocio.


http://www.esencia.cc/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=6033&te=&idage=&vap=0&codrel=325


http://www.esencia.cc/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=6033&te=&idage=&vap=0&codrel=325

Descripción popular de los efectos de los psicofármacos (1)

Los antidepresivos.

Algunos pacientes refieren a los serotoninérgicos como esa pastilla que hace que yo siga pensando lo mismo pero me de igual.
Digamos que parece que el efecto antidepresivo tiene que ver con cierta anestesia afectiva. Por eso algunos comentan que su pensar ya no les aflige tanto pero se quejan de que a la vez también pierden cierta capacidad para gozar, amar y sentir.
Con respecto a los noradrenérgicos y mixtos, el relato es parecido pero con añadidos del orden: "me pone como una moto", estoy eléctrico o me paso el día con ganas de hacer cosas pero sin objetivo.

Parece que el alivio tiene que ver con cierta anestesia. Pero claro el efecto es tan grosero que no hay nada del fantasma individual que sea tocado al inhibir la recaptación de neurotransmisores. Convengamos que es como matar moscas a cañonazos. Algo se experimenta pero no se traduce ni se somete al deseo ni al síntoma individual.

Hay pacientes además que comentan que con el tiempo el efecto desaparece. Parece como si el propio síntoma encuentra otras vías de expresión para recuperar el goce perdido con la anestesia química.

En fin, nada es gratis y el segundo principio de la termodinámica parece que nos persigue y nos conmina a establecer un correlato entre psicoanálisis y neuroquímica.

Parece que no es tan fácil esquivar la tristeza y como cantan los catalanes Hydrogenese:

"No me digas que no hay nada más triste que lo tuyo. Lo de los caballitos Pony eso si que es triste".

martes, 9 de junio de 2009

Toxicomanías y otras neuras.

El otro día escribí una conferencia para la formación continuada de psiquitras y psicologos del complejo hospitalario de Vigo. Era sobre las adicciones.

Es una conferencia extensa y no voy a aburrir a los lectores con semejante tostada. Si bien hoy estuve pensando que el trabajo con toxicómanos y con pacientes neuróticos sin consumo de sustancias no difiere especialmente. Tiene que ver con cuatro posiciones del sistema y cuatro posiciones de los pacientes.


Copypasto aquí la intervención dedicada a esta cosa:




Siguiendo a Eric Laurent la assitencia a los toxicómanos se pueden repartir en cuatro ejes:

El tratamiento por el sujeto: que consiste en afirmar que el toxicómano no existe. Propone al sujeto dejar de identificarse con su ser de toxicómano para dejar un lugar a su división subjetiva y al goce d ela palabra. Este tratamiento solo es aceptado por unh número limitado de sujetos que han franqueado el paso d el adicción.

Existe también el tratamiento por le saber, que es a la vez pedagogía del toxicómano y extracción del saber de este último sobre su objeto. Es esta cosa de cuéntame que sientes con la droga, cuentame detalles, que te aporte y por otro lado la advertencia salomónica y científica sobre los acontecimientos futuros y funestos posibles. “ si sigues vas a morir” “ esto es por el consumo, el cerebro no aguante mas”. Es un modo de tratamiento interactivo. En nombre de lo que sabemos vamos a poner un poco de orden en este goce descontrolado. Es quizá esta fórrmula la que calaba en un principio en los médicos cuando empezaron a atender a los primeros toxicómanos.

Por otra parte está el tratamiento por el S1, el significante amo, que es el envés del tratamiento por el sujeto. Es decir,el discurso del tratamiento es: usted no existe, usted es un toxicómano y vamos a tratarlo como tal. No tienes más que decir lo único. Consentir a cubrirte bajo el manto del ideal “yo soy un exadicto”. Es el sistema de los grupos de narcóticos anónimos y alcohhólicos anónimos. Es un tipo de tratamiento muy yankie. Es un tipo de tratamiento que tiene que ver con el propio discurso norteamericano en el cual todo el mundo puede ser un héroe y en el cual el idela del self made americano impregna todo. Con nuestra ayuda todos vamos a ser mejores.

Por último está el tratamiento por el objeto. Concretamente por los objetos de sustitución. Este tratamiento tiene que ver con una formula de control social. En los 80 en España fue una manera de parar la ola de delincuencia y muertes que concurrió a la entrada de la heroína en una sociedad que había vivido un cambio profundo y radical en apenas 5 años. Famosos son los programas de metadona. Actualmente más en declive y orientada más a una población cronfificada y dependiente de una asistencia social muy potente. A día de hoy se corre el riesgo poco a poco de convertir a muchos de los toxicómanos actuales, más amigos de los estimulantes y el alcohol, en trastornos por déficit de atención del adulto y en vez de dispensar metadona, dispensar anfetaminas (rubifen y demas) por cocaína.

Estas son cuatro de maneras de atender la demanda del adicto. Pero también en muchas ocasione suele haber cuatro maneras en las que paciente se posiciona a la hora de demandar tratamiento. Hay sujetos que acuden con una división subjetivas que conlleva la pregunta por el sujeto. Suelen ser pacientes en los que el velo de la droga es suficientemenete lábil como para poder desenmasacarar el cortocircuito que representa el consumo. Son pacientes en los ue rápidamente se ve que tras el tóxico aparecen fácilmente síntomas habitualemnte neuróticos para que los que el consumo es un alivio o por lo menos una salida de escena.

Hay otros pacientes que vienen realmente a que les des unas charlas. A saber un poco sobre la cuestión de su goce. Ni siquiera con un síntoma personal claro. Algo así como un estado precontemplativo de la adicción. A veces esto tiene que ver en su mayoria con demandas familiares o directamente con orden judicial.

Evidentemente también hay pacientes que demandan pautas. Si. Dime lo que tengo que hacer. Además me va a perseguir mi madre y me haga usted analiticas para enseñar a todo el mundo que estoy limpio. Son pacientes ideales pero que están a kilómetros de saber nada de su deseo y de las razones de su precipitación en el consumo. Suele pasar que en coyunturas no previstas es donde a veces los clíncos podemos hacer alguna intervención que rectifique este apaño y permita realizar alguna pregunta.

También, por supuesto, muchos acuden a pedir el sustituto o algo que apacigüe su falta, algunos motivados por un exceso de goce, otros por un falta de liquidez. En medio de esta varipinta amalgama hay algunos que no acuden a demandar nada,más bien digamos que vienen a exigir. Son algunos de estos canallas o desalmados. Gozadores que o bien han hecho de esto un negocio, o gozan en ocasiones de angustiar y poner en jaque a la insititución. Paradójicamente y en contra de lo piensan algunos médicos e incluso psiquiatras estos son los menos, por no decir que anecdóticos.

jueves, 4 de junio de 2009

la repeticion

Si hay algo evidente es que el psicoanálisis y, Freud concretamente, se dedicó a formalizar algo que en muchas ocasiones formaba parte del saber popular.
Cuando nos preguntamos porque una persona insiste continuamente en cometer los mismos errores o repetir las mismas conductas que le fastidian la vida, siempre me viene a la cabeza una famoso refrán: "más vale malo conocido que bueno por conocer".
Y eso es el goce. Vivimos con unas gafas que son nuestro fantasma. Desde ellas vemos las cosas con el pequeño incoveniente de que no sabemos que llevamos gafas. O quizás si pero no sabemos que las hemos decidido nosotros y, además, a medida. Estas gafas pueden ser una castaña pero las elegimos continuamente. Siempre las malas conocidas. El psicoanálisis es ir al óptico, no para quitar las gafas, ya que sin ellas estaríamos desnudos ante el desierto de lo real (Zizek), sino para graduarlas con un poquito más de esmero y ser capaz de distinguir más colores, matices y deslices. Una puerta abierta al posible bueno por conocer.

viernes, 22 de mayo de 2009

el pago

Habitualmente se tilda al psicoanálisis de un lujo para adinerados. Y es verdad que para sostener un psicoanálisis se necesita pasta. El cuanto no siempre está claro. Depende de la demanda, del analista, de como esté la agenda y de lo famoso que seas. Los analistas solemos cobrar 40-50e por sesión pero se necesita mínimo una sesión (lo suyo son dos o mas) a la semana sino el trabajo realmente es lento y tórpido. Lacan era famoso por formas de pago absurdas, a veces exageradas y otras nimias. Siempre imprevisibles. El otro día un amigo psicoanlista me contaba que atendió durante meses a un paciente a las 8h de la mañana ya que no podía pagar nada pero que parte de su síntoma era el no soportar madrugar.
Y es que pagar tiene que ver con eso. El síntoma neurótico para el psicoanálisis es algo que tiene que ver con una ganancia. Digamos que el mismo síntoma que te destroza la vida te aporta algo que resuelve parte de tu ser más íntimo. Esto es totalmente inconsciente, y el psicoanálsiis consiste en hacerlo consciente. Pagar es hacer que las palabras no sean gratis y que el síntoma en consecuencia tampoco. Los síntomas no desaparecen porque si. La serotonina y compañía no se alteran por arte de magia. Los síntomas se desplazan y desparecen cuando el goce de su enigma se mitiga.

jueves, 21 de mayo de 2009

radio nikosia

Finalmente ayer pudimos realizar la entrevista prometida con estos locos muy cuerdos.
Fue intensa y sorprendente. Estaban al tanto de la historia de la psiquiatría, la filosofía y el psicoanálisis. Ningún periodista habría sido tan certero con algunas de las preguntas que realizaron. Además habían estudiado este blog y tuve que defender y desarrollar muchas de las frases que escribes a veces sin meditar mucho.
Yo nunca he estado psicótico. Estructuralmente (este término dio que hablar) no lo soy. Todas las teorías son siempre modelos de comprensión.
Me quedé con ganas de que fuesen ellos los que hablasen. Que me contasen los detalles pequeños de la locura, esos matices que los psiquiatras solo podemos vislumbrar con cuentagotas. Ese pequeño automatismo mental inicial,o esas experiencias al límite del lenguaje que, en mi ignorancia, solo puedo aproximar desde la teoría.

Desde aquí mis felicitaciones y mis agradecimientos por este soplo de aire fresco en mi cabeza.

martes, 5 de mayo de 2009

Las cuerdas de los locos, las palabras de los cuerdos

El otro día a raíz de comenzar este blog me llamó Raúl. Raul trabaja en Barcelona para Radio Nikosia. Una radio loca muy sana. Les gustó este blog y quedamos en colaborar o incluso en hablar en su radio un día de estos. Entre unas cosas y otras no ha sido posible. Hoy me he acordado de ellos mientras me peleaba con el disco duro del desordenador. En el disco de seguridad he encontrado este texto que escribí hace ya casi tres años. Espero que guste y que en breve podamos hacer esa colaboración radiofónica.
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“Aquel que no estuviese loco debería pertenecer a otro tipo de locura distinta de la que nosotros llamamos locura”.

Esta cita, de un autor que no supimos precisar, surgió en una conversacíon reciente con un amigo, en el momento en el que me encontraba intentando resolver la escritura de este texto sobre la locura. Tras postergar el ejercicio de escribir en numerosas ocasiones y de después llenar la papelera de reciclaje del ordenador otras tantas, encontré en esta frase la vía para comenzar esta exposición.
Si hay una locura colectiva, si siempre hay “un poco de razón en la locura” como diría Nietzsche, la pregunta es, ¿en que consiste estar loco?, ¿acaso no estamos locos todos?, ¿no estamos continuamente inmersos en una locura?, ¿no es algo loco matar en nombre de dios? ¿o no es loco atacar a otros hombres que defienden una bandera de otro color que representa a otro equipo de fútbol?, o quizás, ¿es normal defender con inusitada vehemencia la validez de tal o cual opción sexual? O, ¿es cuerdo enzarzarse en efímeras discusiones sobre el papel de “jesulín” como padre, y su relación con la madre de su hija que ya no es su mujer?
Evidentemente son cosas humanas, cotidianas, pero no son locura. De alguna manera las personas, con mayor o menor precisión, sabemos diferenciar la locura real de su acepción más coloquial. Este hecho es uno de los primeros indicadores de cordura. Desmarcarse de la literalidad de las palabras, resulta en ocasiones muy difícil para el loco. Eso sí, participamos todos de una locura generalizada (o forclusión generalizada según la expresión desarrollada por J. A. Miller), la cual consiste, en la locura de ser seres hablantes. Convenimos en asignar significados a las palabras en función de múltiples variables que entran a funcionar en los discursos. Somos, además, capaces de articularnos en función de estos discursos y tomar decisiones, opinar y crearnos una identidad. Sabemos qué es lo que tiene valor y lo que no (lo fálico según el psicoanálisis). Sabemos diferenciar lo accesorio de lo fundamental. Pero eso sí, también de alguna manera, intuimos que estamos dividos por nuestras propias palabras, intuimos que este código inscrito gracias al cual pensamos y nos expresamos, es siempre un poco el Otro. Podemos en el curso de una conversación, terminar defendiendo posiciones contrarias, podemos también, cometer lapsus, reirnos de los juegos de palabras e incluso esperar a que el otro nos mire para empezar a llorar.
Entonces, ¿qué tiene que ver todo esto con la locura? Lacan sostuvo que, en la locura encontramos siempre una alteración en el lenguaje. Por supuesto, este postulado evolucionó y se desarrolló a lo largo de su enseñanza, pero se mantuvo siempre fiel a la opción epistémica de defender el lenguaje como algo propio del hombre pero a su vez extraño a él. “La palabra es la forma de cáncer de la que el hombre está afligido” dijo en el seminario XXIII. Entonces, ¿qué es una alteración del lenguaje?, ¿es una dislexia?,¿es una disartria?, ¿es no entender bien? Para la Real Academia de la Lengua (que no del lenguaje), el lenguaje, en su sexta acepción se define como: “un conjunto de señales que dan a entender algo”. Pues bien, este conjunto de señales funciona por el simple hecho de que una señal remite a otra; la definición de un significante es que remite a otro significante y el significado de las cosas es la resulta de ese tránsito. Para definir qué es A lo primero que decimos es que es B. De acuerdo con esto, el lenguaje puede ser cualquier forma de comunicación, sin embargo, el lenguaje tiene efecto sobre lo humano. No son las señales que se mandan las hormigas. Las hormigas no puden ser concernidas en su subjetividad por los significantes que se intercambian. La palabra alcanza la trascendencia de fundar lo humano más allá del hecho de la comunicación. El hombre posee la capacidad de ser social y de ser en el lenguaje. El sujeto humano conforma una identidad en torno a esa batería de significantes que le preceden y en los que se desarrolla en familia y en sociedad. Incluso algunos mamíferos superiores, con cierta capacidad para la comunicación, cuando se domestican, enferman por efecto del lenguaje humano. Las depresiones de los perros, las manías de los gatos, enferman del si y el no, de la ambigüedad del lenguaje humano.
¿En que toca todo esto a la psicosis? Como dice Searles, “la psicosis huele a la ausencia de lo humano”. Por supuesto, la psicosis es humana, pero hay algo en ella que escapa a la comprensión, algo que escapa a la dialéctica que caracteriza el lenguaje. La estructura del lenguaje se considera antagónica con el intento de dar una definición de la psicosis. Clérambault, eminente psiquiatra francés y maestro de Lacan, describe los primeros fenómenos de la locura como perplejidad, vacíos de significado, kiries, juegos de palabras que funcionan solos a espaldas del sujeto. Habla del paso de un pensamiento invisible, del devanado mudo de los recuerdos. Clérambault utiliza fórmulas poéticas a fin de cernir, mediante la palabra, estos momentos iniciales de la locura, donde precisamente lo que sucede es el desfallecimiento del sistema simbólico del lenguaje. Intenta definir con palabras la locura, siendo la locura a su vez el efecto del estallido del sistema de las palabras.
Desde las psicosis más tempranas, como es el autismo, hasta los delirios más circunscritos, como el delirio querulante del paciente convencido de que el vecino quiere hacerle mal, podemos seguir el rastro de esta alteración del lenguaje de la que habla Lacan.
Famosos son los casos de niños autistas que se quedan prendados, a veces horrorizados, por el simple hecho de apagar y encender una luz. Es este un hecho del lenguaje, encendido-apagado, si-no; es una de las primeras operaciones de adopción del lenguaje. Lo arbitrario de los significantes y las relaciones entre estos. Es lo real del lenguaje en su forma más cruda y concreta lo que resulta insoportable para los niños autistas, y es esto lo que, de alguna manera, arrasa toda su vida psíquica.
Por otro lado tenemos las psicosis más tardías, bien sea en su polo más esquizfrénico-paranoico o en su polo maníaco-melancólico. Por ejemplo, un paciente que delira con que huele mal. Vive en la certeza absoluta de su mal olor. Da igual lo que le digan o las diferentes pruebas que se le den de lo absurdo de su obsesión. O el ejemplo del paciente melancólico que se desenvuelve en la vida con la vivencia no dialectizable de su propio vacío, muerto por dentro, sin órganos, dicen algunos. Se preguntarán ustedes que tiene esto que ver con el autismo. Pues tienen en común esa incapacidad para la dialéctica, para que una palabra te lleve a otra, sin que la cadena se desmorone o se quede detenida en un punto exclusivo. Existe algo común que afecta al corazón del lenguaje. Tanto la vivencia de certeza absoluta como la de vacío inenarrable, son experiencias que están más allá del sentido. No remiten a nada; caen como una plomada sobre el sujeto y entonces ya solo e queda el delirio para remedarlo. No hay lugar para la duda ni tampoco para ningún cuestionamiento. Es un lugar inefable en el cual desfallece lo simbólico. Se trata del mismo horror del autista ante lo arbitrario y vacío del lenguaje. Si bien, habría que precisar, no obstante, que, en las psicosis más tardías, hay toda una historia previa a reconstruir y toda una historia previa con la que amarrarse a la vida humana.
En consecuencia, esta experiencia lleva al loco habitualmente a la soledad. Los locos son autistas en el sentido más coloquial de la palabra. Es el resultado lógico de haberse desconectado de la función del lenguaje en su estructura hueca. Al romperse algo del lenguaje también se rompe algo de la posibilidad del otro. El loco es incapaz de inscribirse en los discursos, esto le conmina a una soledad tan característica que nos puede servir para definir la locura. Es quizás, el único criterio diágnostico válido desde el punto de vista descriptivo. Los manicomios son lugares donde los pacientes siempre están solos. Los internos no se ven para hablar de las enfermeras, ni para chismorrear de los médicos, tampoco se asocian para modificar tal o cual cosa. Permanecen solos. Famosa es la descripción que hace Fernando Colina de la locura. Él comenta que, en cualquier reunión con pacientes, una comida, un evento, cuando este concluye, los locos salen siempre en puntas de estrella, cada uno sólo y en direcciones distintas. Los neuróticos, por el contrario se quedan hablando, se acompañan, se ofrecen un cigarro o se citan para después.
De acuerdo con lo expuesto hasta ahora, tenemos una idea aproximada del color de la locura y de los pinceles que la dibujan. Pero hay muchos tipos de locos, hay locos que no están tan locos, locos muy locos, locos muy lúcidos y gente que se hace la loca. Hay muchos cuadros en los que se pinta la locura. Existen muy diversas maneras de estar en la locura y desde la locura. Parafraseando a Lacan en su Tesis Doctoral, “No está loco quién quiere, sino quién puede”. La psicosis es una estructura psíquica, una forma de estar en el lenguaje y, en consecuencia, en el mundo. Se dan casos de sujetos que son capaces durante toda su vida de manejarse en esta posición de los márgenes del lenguaje. En algunas ocasiones, no se ha producido nunca la coyuntura que les haya hecho tener que atravesar esta serie de vivencias fuera de la dialéctica, o si lo han hecho ha sido de forma muy circunscrita y puntual sin que eso haya alterado por completo su vida psíquica. Son situaciones clínicas, que desde el punto de vista del psicoanálisis se conocen como, psicosis ordinarias o normalizadas. También existen sujetos que han vivido estas experiencias y que han sabido construir, bien mediante el delirio, bien mediante una identificación, o bien por un pasaje al acto, un tipo de solución para esta falla primordial que padecen. Han restituido una identidad con la que entrar de nuevo en el discurso, en el mundo humano, y que les permite de nuevo ser capaces de establecer alguna forma de lazo social. Muy conocidos por todos son los casos de Newton, John Nash, Rousseau, Cantor, Van Gogh, Joyce, Virginia Woolf, Dalí, etc. Figuras de renombre, psicosis extraordinarias, artistas, genios, que de cierta forma, durante mayor o menor tiempo, con mayor o menor éxito, han sabido manejarse con su locura. Clarividente es la frase de Dalí que define con mucho más acierto esta cuestión del ser loco: “Yo soy loco pero no estoy loco”. Se trata de una reflexión que atiende a esta diferencia entre la locura, la estructura y su cura.
Para finalizar unos versos de M. Benedetti al hilo del lenguaje y la locura:

“En el principio era el verbo
y el verbo no era dios
eran las palabras
frágiles transparentes y putas”.

Bibliografía:
Seminario III. Jacques Lacan. Libro 3: "Las Psicosis", Paidós, Buenos Aires, 1984.
Seminario XXIII. Jacques Lacan. “Le shyntome”. Inédito.
Luis-Salvador López Herrero. “La cara oculta de Salvador Dalí”. Editorial Síntesis. Madrid, 2004.
Jacques-Alain Miller, "La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica". Ed Paidós, Buenos Aires 2003

martes, 21 de abril de 2009

Psiquiatría, investigacion y otros absurdos del montón.

Personalmente esta palabra investigacion no me resulta in-significante. Mi entrada en la medicina tiene que ver con un gran aprecio por la investigación. Antes de encontrarme con Freud, y, posteriormente con Lacan, me dediqué gustoso al estudio de la ciencia más formal. La ciencia, el positivismo, eran para mí el método de conocimiento de las cosas. En mi descarga decir que era adolescente y muy ingenuo. Bueno, el caso es que animado por este afan científico, me decidí a estudiar medicina. Tras tres años los estudios de medicina se tornaron algo hastiante y la investigación que allí encontré no tenía nada que ver con lo imaginado. Azorado y perdido en la inmensidad de esta encrucijada, apareció no azarosamente, el psicoanálisis. Y todo arrancó de nuevo. Acabé medicina y comencé la residencia en psiquiatría. Abandoné mi hogar y marché totalmente entusiasta. Dispuesto a encontrarme con la psicopatología, el psicoanálisis y con toda una práctica clínica de la que aprender. Para mi sorpresa lo que me encontré fueron científicos. Bueno, me encontré con un facsímile de la ciencia. Pero no sólo en los compañeros médicos. En los pasillos unos señores de corbata me contaban maravillas de sus nuevos productos científicos. Me daban a leer estudios científicos que demostraban las hazañas de sus tratamientos científicos. Los pacientes por otro lado no se quedaban atrás, me hablaban de sus diagnósticos, de la serotonina y de cual es la mejor dosificación para calmar su mal. También a veces elevaban una queja a las altas instancias para pedir por favor un centro de investigación y tratamiento para la fibromialgia o la bulimia. Diligente absorbí toda esta demanda como pude y me dispuse a digerir toda esta ciencia que yo creía yerma y olvidada. Y descubrí varias cosas.

La gente tiene ahora enfermedades mentales. Estas figuran como epígrafes en varios manuales de uso cotidiano. Cuando digo cotidiano quiero decir que están al alcance de jueces, abogados, trabajadores sociales, monitores de tiempo libre, la mujer que limpia mi casa y un primo de Cuenca que es bombero torero. Estos manuales vienen a explicar que lo único que existe es lo que se describe. Lo que se ve. Por ejemplo, si estás muy triste una vez es un episodio depresivo. Si te pasa a menudo es un episodio depresivo recurrente. Si luego estás muy contento es bipolar tipo II. Si estas hecho un lío, alegre pero fastidiado, serás un trastorno bipolar tipo mixto (como el sándwich). Si estás loco hay muchas opciones pero como repitas un poco tus locuras serás una esquizofrenia de libro. El caso es que tuve que ponerme a estudiar para entender como se había llegado de repente a estas conclusiones. Digo de repente porque lo que si sabía es que esto de las enfermedades mentales no era algo tan claro hace tan sólo 30 años. Pues bien; todo esto tenía una lógica. Desde hace tiempo los psiquiatras, los antiguos alienistas, han decidido ser médicos. Pero desde los años 50, con la aparición de los psicofármacos este viraje hacia la medicina ha crecido exponencialmente. Por supuesto, como médicos que son, utilizan el método experimental para conocer. Con la ayuda de la lógica hipotética-deductiva aventuran sus hipótesis diagnósticas y luego comprueban tratamientos. La tesis principal es el trastorno en la recepción de neurotransmisores. Si: como la diabetes. Si estas mal será tu cerebro que anda estropeado. A estas alturas, pensando científicamente comencé a plantearme ciertas dudas razonables que diría Descartes. Pensé entonces cosas como: ¿por que hay un 40% más de depresión en Occidente? ¿Será un virus? ¿Una pandemia que afecta sólo a gente que vive en los supuestos estados del bienestar? ¿O quizás tenga que ver con que el bienestar tiene que ver con el malser? Bueno, aparté estas dudas y seguí intentando adentrarme más en como se investiga en psiquiatría, no fuese a ser que en mi ignorancia me estuviese perdiendo algo. Resulta que los científicos, los médicos, algunos compañeros míos muy queridos, hablan con un señor de un laboratorio muy majo que nos invita a comer, a viajar y a veces a cosas al límite del buen gusto. A resultas de estos opíparos encuentros deciden hacer un estudio científico. Este estudio, por ejemplo, puede versar sobre el bienestar que procura tal fármaco en los individuos diagnosticados de esquizofrenia paranoide. Procedemos entonces a juntar a los pacientes, darles pastillas y luego pasarles una escala. Una escala es una forma de medición. En este caso del bienestar. Pero claro, mi inocente pregunta en esos tiempos era: ¿y como se yo que esto mide esto? El método científico está muy bien para medir los átomos de uranio que pasan por un tubo imantado, o los niveles de azúcar en sangre. Pero estas escalas miden afectos, impresiones, cuantifican la felicidad, la tristeza, la hostilidad o el dolor. Cosas que tienen que ver con la subjetividad y que atraviesan la matriz del lenguaje como eso que, en su estructura, no todo se puede decir y nada tampoco se puede no decir. La cuestión es que me contaron que una escala se valida siempre atendiendo a otra escala que sirve de referencia. Por tanto la escala Myflower Pilgrihm de depresión en esquizofrenia está validada, es decir, mide lo que mide, porque la escala Mcmardighgam de depresión mayor de Toronto Entero (Canadá) así lo confirma. Esta a su vez fue, en su día, validada por otra. Entramos en una espiral infinita de validaciones donde nos ataca una duda. Hubo un momento en que se creo la primera escala. Si. Existió una escala primigenia que validó a otra. Noten que nos acercamos en estos momentos al momento mítico de las religiones. Parece como si dios o un ente superior hubiese entregado a los científicos de la salud mental la escala de la ley, esa que asegurará la cientificidad de todos los estudios del universo. Claro, esto resulta ciertamente inquietante. El método científico aplicado a la subjetividad parece que flaquea a la hora de dar cuenta de su habitual rigor y objetividad. De hecho fíjense que la ciencia, en este punto, se acerca más a la religión, cosa paradójica, porque la ciencia acostumbra a cernir lo real por la matemática más exacta. Eso sí, ante el abismo de la subjetividad, se agarra a la fe en las escalas (que de exacto no tiene nada) y si no es en estas, sueña, declaradamente, con la infalibilidad de la estadística, esta matemática que tantas sorpresas ha dado a veces.

En fin, entonces ¿como es que el psicoanálisis en esta encrucijada ha sido tratado de religión o incluso de secta? Pues precisamente por lo mismo. En ocasiones elevamos a la categoría de dogma frases hechas: “esto es una forclusión del nombre del Padre, esto es algo que se ha desengachado, esto es un goce de lo real etc…A los científicos les parecen epifanías de los psicoanalistas. Magia negra. Si bien podemos decir tranquilamente que a la hora de hablar de la subjetividad estamos en lo mismo: la ciencia con su delirio de las escalas, y el psicoanálisis con su jerga. Eso sí, hay un elemento diferencial. El psicoanálisis desde Lacan vive en un esfuerzo de poesía sabedor del no-todo del lenguaje que nos atraviesa. Asumimos de entrada la insuficiencia de nuestro saber. Nos manejamos en la docta ignorancia que dijo Lacan. No sabemos nada de la persona que tenemos enfrente y ni siquiera lo intentamos. De hecho el psicoanalista siempre suele desmontar las primeras declaraciones y postulados cuando un paciente se nos presenta. Eso si, tenemos un cierto saber sobre los límites del saber y del goce.

Una última cosa: ¿cómo se investiga en psicoanálisis? Al revés que la ciencia: por el método inductivo. Freud renovó el panorama psicopatológico a través de cinco casos princeps que le sirvieron para ilustrar su teoría. Y ¿cómo investigamos los psicoanalistas? A nivel teórico por la hermeneútica. A nivel práctico igual que Freud. Con los casos particulares. Todos tenemos nuestro profesor de psicosis, nuestra histérica de cabecera o nuestro obsesivo de cupo. Estas estructuras no son inamovibles, si no que continuamente, se articulan con el discurso social dando lugar a las más variadas declinaciones del síntoma. Nuestro investigar tiene que ver con depurar los fenómenos para ser capaz de ver, entre la madreselva, nuestra clínica estructural. No para convencernos de su validez sino para operar con la demanda y, desde la transferencia, permitir que el psicoanálisis siga siendo una clínica. Una clínica basada en el uno por uno, en el sujeto a sujeto. Sin epígrafes ni taxonomía. Sin más etiquetas que las que incordian el cuello los jerseys del Zara.

sábado, 18 de abril de 2009

el abuelo toma coca

Hablábamos en el centro de atencion a drogodependientes, donde actualmente trabajo, de la segunda generación de consumidores de droga en España. De como hay una muesca generacional de padres consumidores, especialmente en Galicia. Y de como los hijos de los yonkis, han pasado por todo una historia de desestructuración familiar, desamparo e instituciones. Hablabamos también de que, paradójicamente, algunos de estos infantes en la primera adolescencia ya comienzan con conductas disruptivas y consumos de diferentes drogas, (no ya tanto heroína). Comentábamos que algunos de estos jóvenes terminan, además, acudiendo al centro. Es casi como una especie de tradición familiar. El centro aparece como un lugar simbólico inscrito en la historia de las familias. Un sitio que reintroduce algo de orden del deseo en todo este goce desordenado y sin freno. El caso es que embebidos en estas cogitaciones andábamos, cuando una paciente joven y con una historia catastrófica, que evidentemente no vamos a explicar, aparece. Trae una demanda de tratamiento porque le han quitado la custodia de su hijo. Este hijo, ya puber, ha comenzado con consumos y fugas; y esto ha hecho intervenir a Menores. En medio de la queja y la demanda la paciente entona un: "joder, es que, estaría mejor conmigo, el abuelo toma coca". Perplejo y ojiplático rezo interiormente: los clínicos siempre tarde. Andábamos dándole vueltas a la segunda generación de yonkis, teorizando y suponiendo toda una lógica familiar y de intervención, y resulta que la tercera generación de sujetos, bajo el significante de la droga, ya está llamando a la puerta.
Y es que como dijo Chaslin en sus Elements de semioligie et de clinique mentales (1912): " Podemos estar tranquilos, las teorías mal asentadas pasan, la clínica permanece"*


*Cita tomada del maestro Ramón Esteban Arnaiz alias "Darth Pencil" en su artículo: "Sobre algunas disciplinas fundamentales para la psicopatología general. Publicado en Norte de Salud Mental 24. 2005 pag 28-37.

martes, 7 de abril de 2009

Fenicios

La industria farmaceutica nunca dejará de sorprenderme. A veces sueño con mundos de psiquiatras que no conozco. Creo que hay psiquiatras escondidos en algún sitio, estudiando e interesados realmente en su profesión. Sueños diurnos en los que mi querido psicoanálisis no es la única vía para que las personas interesadas en la psicopatología elaboren un saber y se discuta. Suspiro pensando que mis compañeros guardan la desidia y el abandono en una caja, y releen a los clásicos y se hacen preguntas.
Pero la industria es implacable. Siempre me demuestra lo contrario. Continuamente diseñan productos a la medida de la idea de psiquiatra que intento eliminar con mis ensoñaciones. La industria tiene un negocio y nosotros somos los transportistas y, como tales, de vez en cuando, la carretera nos sorprende. Hace tres meses recibí un regalo envenenado de parte de un delegado. Era un libro escrito por psiquiatras llamado algo así como: "Marketing de la consulta privada psiquiátrica". Demencial. Observen. El laboratorio paga a unos psiquiatras por hacer un libro sobre como llevar consultas privadas. Estos, que ya son psiquiatras forrados en sus privadas, se forran mas y, además, se quedan muy a gusto y recetan mas de ese laboratorio. Encima se quedan con la sensación de que aunque la psicopatología se la sude han publicado algo bueno y a la altura de los tiempos. Inquietante. Eso si, lo que te daba la referencia de que era eso, eran las fotos que inundaban el "libro" (""=generoso). Fotos de un psiquiatra lozano , de media cana parietal. Una especie de Richard Gere de la psique. Un modelo sabio y templado. Horripilante. Por supuesto lo que hojeé/ojeé del libro, era un compendio de como parecer molón pero a la vez cobrar implacablemente. Es impresionante que piensen que el resto de los psiquiatras no saben hacer eso. Es delirante que se les ocurra. Es marciano que lo publiquen.
Después de este episodio y sin recuperarme todavía, un paso más.
Un laboratorio me trae hoy un cd/libro con diapositivas sobre la esquizofrenia....pero.....así en general, esquizofrenia en esquemas......un refrito,algo así como psiquiatría en fascículos de planeta agostini. Me costó media mañana entender el regalo, pero el mensaje era algo así como: cuando tenga que venir a un congreso de estos absurdos que hacemos, ni siquiera tendrá que trabajar ni investigar nada. Podrá decir cuatro bobadas y repantingarse sobre su propia infautación. Ya lo hemos fabricado para usted. Su discurso esta hecho. 200 diapositivas sobre esquizofrenia actualizadas, y listas para pasear. Para que vaya tranquilo a los congresos y lea las diapositivas...... y coma.... y beba y.... se vaya de putas.... y recete.
En fin.

viernes, 3 de abril de 2009

psicopatología de taxista de la vida cotidiana.

Es de sobra conocido la existencia de una línea imaginaria que ata el cliché taxista-puro-gordo-facha-la cope. Todos estamos acostumbrados a coger un taxi y escuchar opiniones políticas y peroratas sobre la insatisfaccioón y la falta de diligencia en el mundo. Es un clásico urbano que estos conciudadanos son los que saben de todo, los que mejor conducen y los que además quieren continuamente explicarlo. Lo único que no explican es porque esas mentes privilegiadas se dedican a llevar gente de un lado a otro. Por supuesto es vox populi, que poco se puede hacer cuando uno entra en una de estas burbujas ideológicas móviles. Algunos piden silencio o bajar la radio, otros, movidos por la desidia y la desesperanza asumen el chaparrón ajustando la facies y excretando monosílabos a discrección. Quedamos algunos que, motivados por algún tipo de espítiru de redención surrealista, enardecemos a estos cabrones hasta llevarles al punto en que mascuyan en nazi y se sienten ligeramente culpables.
Realmente hay poco de psicopatología en esto. Se puede hablar del miedo, de la frustración y de la búsqueda de ese hombre que es el verdadero amo que nunca encuentran. Un ideal tan plomo y pesado que no hay nada a su altura. Ello se limitan a explotar la cosa de que la vida es una mierda (no la propia) porque hay mucho hijo de puta y no hay nadie con capacidad para arreglarlo.
Desolador pero no especialmente grave en términos psicopatologicos.
Eso sí. De vez en cuando tenemos a los "otros taxistas". Almas desvalidas, freakes desposeídos de lugar identitario, fanstasmas suburbanos que navegan por las ciudades y para los cuales su luz verde si que significa esperanza.
Ayer recluté a uno más para este grupo. Ha sido el taxista que más me ha impresionado y tengamos en cuenta que, a veces, cojo taxis por el placer epistémico de saber más en torno a esta especie ciudadana. Es un hombre de unos 40 años, gordo y calvo. De entrada susurra un escueto y tímido bunas noches. Arranca suavemente y deja pasar otros coches. Para en el paso de peatones y parsimoniosamente se desliza por cuestas y baches sin apenas efecto inercial para este su pasajero. Ante estas delicadezas me decido y le pregunto algo espúreo en torno a la zona y a unas recientes obras. Y aquí comienza el regalo.
Me comenta que esta zona es peor por la mañana. Que hay mucho tráfico. El ha estado 20 años trabajando de noche y que ahora como premio le tocan las mañanas. No las soporta. Me cuenta como las ha dejado y ha vuelto a las noches. Prefiere las noches. Por las mañanas hay mucho tráfico. También escucha el ruido de los pájaros entremezclado con el caos de la urbe. Por la noche es distinto. El recuerda muchas noches en el taxi. Se paró durante una temporada en una rotonda a ver una pareja de mirlos en un árbol. Durante unos días vió como les acechaba una lechuza. Y todo esto existe en plena ciudad, -decía. También recuerda una rotonda donde un día pasó una jineta e incluso un jabalí. Estúpidamente me meto en su speech y me quejo del ruido de las gaviotas por la noche. El me comenta que son animales que se adaptan a todo y que el ruido es porque las madres vienen a alimentar a sus pequeños. Me cuenta mil y un detalles más. Infimos, delicados. Matices. Poesía suburbana en un taxi a la noche. 20 años de esto. Nos quedamos parados en mi destino un tiempo. Le dije que él tenía que escribirlo. Que estaría encantado de leerlo. Me dijo que si, que a veces, que puede ser, que lo había pensado. Pero que claro, le resulta extraño: el es taxista.

miércoles, 1 de abril de 2009

cuitas de consulta

Tras la fanfarria de los sintomas y los sindromes. Bajo la feria del trastorno limite de personalidad y de la anorexia-bulimia, y, sepultada entre los ingresos hospitalarios, la eterna histeria por fin asoma la cabeza, y como no, portando la bandera de la insatisfacción.
Por fin se puede hablar. Hoy una persona, antes usuaria, ha comenzado a decir que no soporta estar sola y que quiere cambiar eso. Atrás queda el ruido y la nosografía.
El psicoanálsis empieza cuando las personas dejan de yollear y permiten que el sujeto empiece hablar y a no saber lo que dice.

sábado, 28 de marzo de 2009

como contar que todo es un cuento

quizás, contando un cuento.

Un mundo lombriz


Un lugar. Día de un año. Centro de atención a cyberdependientes. Un taimado psiquiatra agoniza a golpe de viernes mientras maldice los sillones ergonómicos y el convenio laboral. El fotograma imaginario lo dibuja apostado entre un libro de Lacan, un autodefinido y dos citas que no acudieron. Una llamada a su puerta le saca repentinamente de este estado “hipnagónico”.


-¡Hola! Soy X de laboratorios Fenicia, creo que ya nos vimos en el “Congreso de Soci-drogas-alcohol y otros problemas del montón” en Cuenca.


-Lo dudo- musita en forma de excremento polisilábico nuestro ahora contrariado psiquiatra.

-Cuéntame- añade. Su mirada, ahora más despierta y viva, se torna vidriosa y apocada. Se imagina fugazmente que golpea el cráneo de la representante contra la consola del ordenador.


-Me han comentado que es usted nuevo en el centro y venía a informarle sobre el TDEPA en adulto.


-El TDEPA?….en adulto….?-masculló nuestro psiquiatra.


El “trastorno por déficit de estupidización y pensamiento autónomo”(TDPEA) era algo con lo que nuestro psiquiatra se había venido peleando desde su paso por la rotación en infantil. Realmente esos niños que no se dejan estupidizar y que piensan de forma individual son muy latosos- En ocasiones, se tornan hasta peligrosos para la convivencia. En los últimos años el tratamiento con koma había demostrado un efecto pacificador, y todas las asociaciones de genitores e incluso el gobierno federal de La Iberia Sumergida lo habían aplaudido. Eso si, nuestro audaz psiquiatra estaba convencido de que estos tratamientos a largo plazo convocaban efectos indeseables poco mensurables. El frenar el desarrollo individual, el cercenar la posibilidad del propio conflicto, posibilitaba la formación de individuos felices pero quizás excesivamente homogéneos e insulsos. Había algo en este tratamiento que hacía de estos niños criaturas muy frágiles. Eran niños sonrientes y cuasiadaptados pero que continuamente transmitían la sensación de que vivían un desarrollo anestesiado.


-En fin-, pensó casi en voz alta.


-¿Así que ahora con los adultos?- Vomitó sin esconder un suspiro.

-Si-, respondió ella.

-Se ha comprobado que hay pacientes habitualmente diagnosticados de “trastorno de ansiedad no estupidizada” o “trastorno depresivo impertinente” que realmente padecen un TDEPA no tratado-.

-Ya, y el tratamiento ¿cual es?, ¿el koma igual?


-No-respondió regocijante ella.


-Es un koma evolucionado, las moléculas de koma van recubiertas por un tipo de lombriz tratada genéticamente. Esta lombriz crea una película que asemeja las propiedades osmóticas de la albugínea del escroto de ñandú. A esto se le añade una fina malla de fibras capilares de zarigüella lo que permite una liberación sostenida del koma durante las 24 horas del día. Este hecho permite que el sujeto disfrute de su idiocia normalizada y no se vea asaltado por cuitas personales o arrebatos de pensamiento desiderativo propio.


-Impresionante- pensó. ¿Si utilizasen toda esta energía mental en hacer algo útil?, rumiaba mientras desconectaba de la melodía unitonal de la representante.

-Por cierto, le dejo unas escalas para que pueda hacer un despistaje del TDEPA en sus pacientes


De repente la modorra se despistó y una idea se cernió brillante en su mente.


-Por cierto me podría usted decir,-balbuceó fingidamente nuestro psiquiatra mientras sonreía -¿como esta validada esta escala?


-Si, por supuesto, está validada mediante la escala de Pensamiento Creativo Nottingham Forest de la Culebra (2056) y la escala Estupidtry (2067).


-Hum… y, me podría decir, ¿como fueron validadas esas escalas? -Masculló elevando ahora el tono-


- Pues poo ,po, po, por otras escalas, como suele ser habitual supongo- dijo la representante, que en estos momentos ya no portaba un semblante tan vehemente y seguro.


-Y esas??? Mirando fieramente


-Bueno ya sabe usted, como son estas cosas…..


-Ah o sea que usted me está contando que dios o un ente supremo de saber cósmico bajó de donde cojones esté y le dio a los laboratorios farmacéuticos o a su puta madre la escala de la ley!!!! O sea una puta escala primigenia que permitirá validar las escalas de aquí al infinito!!!! o sea que el saber científico que su puto laboratorio de mierda vende, está sustentado por unas escalas que se sacaron del culo hace 100 años, y que además….


Cuando quiso terminar su speech, la representante acojonada se había escapado del despacho y no había dejado ni muestras de regalo.


Cariacontecido circunspecto y abatido, nuestro psiquiatra se deslomó de nuevo sobre su odiado sillón. Instantáneamente un inenarrable sentimiento de soledad le invadió. No podía dejar de recordar la cara de terror de la representante. El rostro de esta dibujaba la más absoluta de las incomprensiones. Ella no sabía ni de lejos de que estaba hablando. Era horrible. Entre sollozos, abrió el libro de Lacan que años atrás había rescatado de un cyberrastro y no sin vacilar un rato, lo tiró a la papelera. Acto seguido y tras un trago de whisky sin alcohol y una dosis de concentrado de vitaminas eutimizantes llamó a su viejo amigo de la facultad, también psiquiatra, y concertaron una cita.


Era hora de reconocer que su viejo amigo había acertado. Años atrás, este, le había realizado un diagnóstico psiquiátrico. Por más exótico que resultase, y por más que se resistiese, él era uno de las pocas personas que, en el año 2090, seguía padeciendo lo que la psiquiatría clásica había llamado el Trastorno Lacaniano de la Personalidad (TLP).

Todo cuadraba, lenguaje farragoso e ininteligible, entusiasmo por el coleccionismo de obras antiguas, gusto por los puros y peinados y pasión denodada por ropas caras y de difícil combinación. A esto se le añadía su particular y vehemente creencia en ciertas ideas. Concretamente aquellas contrarias a las de la mayoría de los ciudadanos de Iberia Sumergida. Además, y esto era una cosa que muchos colegas le criticaban tenazmente, tenía una especial fascinación por la escucha de los pacientes, llegando incluso a veces a estar hasta 15 minutos con un usuario. Ah! Y también se regocijaba habitualmente con los autodefinidos, por no decir que se deleitaba a escondidas con juegos de las palabras e incluso con la etimología de las mismas. Los criterios diagnósticos se agolpaban a las puertas de su cerebro. Era obvio:


Criterio diagnostico 2.a.1.Creencia en entes no cuantificables no medibles.


Criterio diagnóstico 3.c.1.Pasión por los seminarios, conferencias y otras formas de enseñanza proscritas.


Y el criterio mayor y causa a veces de deterioro social:


1.a. Creencia en el inconsciente.


No podía evitarlo, era verdad. Sufría un Trastorno Lacaniano de la Personalidad. Cuando lo estudió decían que no había cura. Recuerdó como el texto decía: “Habitualmente estos sujetos se han considerado como un trastorno heredado, algo propio de otra época. Se ha creído, sin haberse podido demostrar, que durante años este trastorno pudo haber sido la expresión de alguna forma vírica que se expandió históricamente en dos epidemias nítidamente localizadas. Una radicada en Austria en 1900 y otra en 1963 en Francia. De notable avance en Sudamérica a finales del siglo veinte fue paulatinamente reduciendo su aparición hasta ser en nuestro días un trastorno anecdótico”.


Bien: entonces ¿qué hacer?, ¿cómo vivir con esta pesada carga? Solo existían dos opciones. Por un lado podía entregarse, cual cuerpo helado, a las hábiles manos de su querido amigo. Este, en una suerte de alquimia, podía quizás, encontrar una solución química que apaciguase su trastorno. Por otro lado, y mucho más interesante, podía aferrarse a su creencia en el inconsciente y comenzar a divulgar las verdades que su “trastorno” le hacían entender. Difícil elección.

-Tengo que intentarlo antes de abandonarme a esta ciencia- se repetía a si mismo sobrecogido en medio de esta coyuntura vital.

-Quizás lo más duro será contárselo a su mujer se decía. Los niños… ufff!!…mejor no decir nada con el tiempo ya irán entendiendo. Con un poco de suerte es hereditario y lo entienden sin necesidad de explicación. Al fin y al cabo, quién sabe, mi padre creía en los sueños y eso es un criterio diagnóstico. En fin, lo primero que haré será hacer leer en casa esos libros antiguos que hablan de la ética. Los antiguos hablaban de este tipo de decisiones. Será lo mejor: libros de ética y hablar. Será la única manera de que puedan entender que esto no es tan malo, que tiene que ver con eso que dicen las enciclopedias del hecho humano.


Renacido por esta cogitación, recuperó el libro de Lacan de la papelera y buscó Aristóteles en el diccionario. Después llamaría a su colega para convertir la cita médica en una cena. Tenía que explicarle su decisión y comenzar a difundir su descubrimiento: los diagnósticos en psiquiatría no solucionan nada. Di ciencia y di agnóstico: tendrás un lacaniano.


Era el momento de salir del koma.





Quede aquí patente el especial agradecimiento a los Laboratorios Janssen por el denodado esfuerzo que han hecho por sacar a flote la inspiración para este proyecto de litera-turra.


viernes, 27 de marzo de 2009

Presentacion

Nunca me han interesado los blogs.No suelo leerlos salvo los de algún amigo cercano. Cuando era puber intenté escribir un diario. A los tres días releí mis anotaciones y la vergüenza fue tal, que tuve que tirarlo como quién se encuentra una cucaracha en el bocata.

Sin embargo ahora que soy más piloso y añoso me he encontrado con un uso posible de los blogs.Dirán que llego tarde, tal vez en el declinar de esta pseudocultura blogger, pero digamos que forma parte de mi síntoma ir a molestar donde ya no importa. El caso es que el otro día atrapado en un abceso de desidia, a caballo entre un paciente interesante y otro cuyo nombre debe significar "chapazo" en algún dialecto maorí (por sus facciones), me encontré con el diario de un médico de familia. Un tipo realmente honesto y entusiasmado por su trabajo que, a través de su blog, daba rienda suelta a sus quejas, opiniones y demás llamados al otro. Fue maravilloso y realmente inspirador.

Así es como nace este blog. Alivio diario de este psiquiatra-psicoanalista y fuente de información para médicos y pacientes despistados que, ante la elección de su destino, siempre quieren las dos pastillas. (vease matrix I)